LA FAMILIA EN NAVIDAD En primer lugar quiero agradecer a la Congregación de Ntra. Sra. de los Ángeles la invitación que han tenido a bien hacerme para que pronuncie este pregón de Navidad, en un lugar muy conocido y querido por mí, como es esta Iglesia Catedral. A modo de prologo, me gustaría comenzar haciendo una breve reseña de este lugar sagrado en el que nos encontramos, desde el cual resulta más fácil transmitir la importancia, la trascendencia y la influencia de la Familia y de la Navidad en nuestra sociedad, de tradición mayoritariamente cristiana. Este templo, es un espacio sugestivo y evocador, interpretado en piedra y adornado en su interior con pinturas y esculturas realizadas en el primer tercio del siglo XVII, por artistas de la Corte, y desde el cual es posible soslayar el ajetreo mundano que inspira el sosiego y la reflexión. He sido invitado a pronunciar este pregón navideño, y lo hago fundamentalmente como máximo responsable del Centro UNESCO Getafe y en representación de todos mis compañeros y miembros de la Junta Directiva. La UNESCO, es una Organización especializada de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia, la Cultura y las Comunicaciones, que promulga y difunde en todo el mundo, una cultura de paz, cada día más necesaria. En el preámbulo de su Constitución se establece “que puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Este es su principal objetivo, construir en la mente de los hombres los baluartes de la Paz; y lo hace fundamentalmente a través de la cultura y de la educación. Por ello, y como si se tratase de una actividad orientada a educar nuestras mentes, utilizando la cultura y el conocimiento, tiene también entre sus objetivos, defender y proteger el patrimonio histórico artístico, de todos los pueblos de la tierra y por tanto, también el de esta Catedral. Además, esa protección del patrimonio histórico artístico que promulga la UNESCO, es complementaria con la que le otorga la protección del Estado, al ser declarada Monumento Histórico Artístico, en el año 1958. En homenaje a los que intervinieron en su construcción y en su decoración, me permitiré hacer una breve referencia de algunos de estos artistas y de sus obras, ya que Jesús está presente en ellas y hablar de Jesús es hablar de Navidad. En su construcción y decoración, cuyas obras fueron adjudicadas el 5 febrero de 1549, al maestro de obras, Juan Francés, intervinieron los arquitectos de la Corte, Alonso de Covarrubias, y Juan Gómez de Mora, los pintores, Alonso Cano, Félix Castelo, José Leonardo, y Ángel Nardi, y los escultores Alonso Carbonel, Antonio Herrera y Antón Morales, entre otros. Pues bien, frente a ustedes tienen una de las obras escultóricas y pictóricas, del siglo XVI, más importantes de la Comunidad de Madrid y yo diría que una de las más importantes de España. Se trata del Retablo Mayor de esta catedral, realizado por el insigne arquitecto, Alonso Carbonel, en 1612, y decorado con pinturas que representan la vida de la Magdalena a cuya advocación está dedicado el templo. Seis cuadros de gran tamaño, pintados en 1639, llenan la mayor parte del espacio planimétrico de este retablo. En primer lugar, en la parte inferior derecha, pueden ver el impresionante cuadro denominado “La Magdalena arrepentida”. En este cuadro, Magdalena es engalanada con lujo y riqueza, dada su alta alcurnia y su vida cortesana, a las que renuncia en la escena del cuadro. A la derecha, “La Unción de los pies de Cristo en la Casa de Levi”. Este cuadro recoge el momento en que Magdalena entra en casa del fariseo Simón para ungir los pies a Jesús, como expiación de sus pecados, ambos cuadros fueron pintados por José Leonardo. Más arriba a la izquierda, “La Magdalena ante el Sepulcro”. En él se representa a la Magdalena ante la sepultura, lugar al que acude para embalsamar el cuerpo de Jesús. Sobre éste, en el tercer nivel, podemos ver “La Predicación de la Magdalena”, actividad de la que no se encuentran referencias en los textos bíblicos. Ambos cuadros fueron pintados por Félix Castelo. A la derecha, en el segundo nivel, el cuadro denominado “Noli me tangere”, que representa la aparición de Jesús a la Magdalena, después de la resurrección; y sobre este, en el tercer nivel, “La Glorificación de la Magdalena”, que muestra un notable paralelismo con la "Asunción de la Virgen", en el que probablemente se inspira. Estos dos cuadros fueron pintados por Ángel Nardi. Se completa este Retablo con un extraordinario conjunto de esculturas denominado, en el argot artístico, apostolado, en el que se representan cada una de las esculturas de los apóstoles y el Calvario, coronado por la figura de Dios Padre con su mano apoyada en la superficie de la esfera que representa el mundo. Sobre cada hornacina, donde se encuentran las esculturas de los apóstoles, hay un pequeño cuadro que representa el martirio que sufrió el correspondiente apóstol. Así, y por citar algunos, podemos ver a San Pedro crucificado boca abajo, a San Pablo decapitado, a Santiago el Mayor degollado, a San Simón, aserrado con una sierra de leñador o carpintero, o a San Andrés crucificado en una cruz en forma de aspa y así sucesivamente. Las distintas agresiones sufridas a lo largo del tiempo, como consecuencia de las guerras acaecidas en España, puede haber sido el motivo por el cual las esculturas de algún apóstol no se corresponden con la escena que representa el cuadro colocado sobre éste. Ocurre así, con el primer apóstol de la izquierda cuya talla se corresponde con el apóstol Santiago el Menor, y al contrario, el cuadro colocado sobre él, corresponde al apóstol San Bartolomé, que fue desollado, como puede verse. Por relacionarlo con el objetivo de este Pregón, podemos considerar que de alguna forma, lo que en este retablo se representa, es el epilogo de la Navidad, puesto que en él se encuentra representada una parte importante de la vida y de la pasión de Cristo, sobre la cual se inspira el cristianismo, en el que se apoyan, además, los cimientos de la Familia, desde el punto de vista cristiano. Por otra parte y sin ánimo de extenderme más de lo necesario, debemos hacer una mínima referencia a los retablos del Crucero sobre los cuales, el gran pintor Alonso Cano, y los también pintores de fama reconocida, Sebastián Herrera y Francisco Camilo, interpretaron en 1645, la infancia de Jesús y otros pasajes de su vida, que tradicionalmente conmemoramos y celebramos en la Navidad. El Retablo de la nave lateral izquierda, denominado el retablo “El Nombre de Jesús”, está dedicado al Niño Jesús, y en él, se representan entre otros, “La Epifanía”, pintada por Francisco Camilo; “Santa Ana con la Virgen María en brazos”; “Santa Isabel con San Juanito”, Juan el Bautista, también en brazos, y la Circuncisión, todos estos pintados por Alonso Cano. El Retablo de la nave lateral derecha, denominado “Retablo de Nuestra Señora de la Paz”, contiene entre otros, tres cuadros dedicados a pasajes bíblicos del Nuevo Testamento referidos a la Navidad. Se trata de “La Anunciación” y “San José con el Niño”, de Alonso Cano y de la “Adoración de los Pastores” de Sebastián Herrera. Pues bien, hechas estas consideraciones sobre la parte histórico artística de algunos elementos arquitectónicos y pictóricos de esta Catedral, que nos ayuda a respirar la paz que inspira su monumentalidad en todos sus rincones, he de poner de manifiesto que la Familia y la Navidad son realidades que no pueden entenderse separadamente, desde un punto de vista cristiano. Quiero aclarar, que esta primera parte de mi intervención, ha sido elegida a propósito para que nos demos cuenta de la importancia que tiene la preservación del patrimonio de esta Catedral y para que aprendamos a respetarlo valorando el esfuerzo que realizaron nuestros antepasados y el legado que nos dejaron. La Navidad es uno de los acontecimientos que más influye en la familia, debido a su universalidad y al mensaje que en sí misma encierra; y es además el argumento necesario para entender la importancia de la familia en este contexto religioso. Para mi, Navidad significa paz y amor como algo inseparable en si mismo; caridad y solidaridad, como complemento necesario para alcanzar la paz y ejercer el amor al prójimo, y fe y esperanza, como fuerza necesaria para poder llevar una vida digna, dentro de los parámetros éticos de cualquier ser humano que aspire a ser un referente y un modelo, dentro de la sociedad actual. La Navidad, la asociamos, como no puede ser de otra forma, al Nacimiento de Jesús como fuente inspiradora de sentimientos de paz y de solidaridad. Se trata de una fecha en la que además solemos recordar a los seres queridos que no se encuentran a nuestro lado y aquellos otros que sufren y que carecen de lo más necesario para vivir. Pero para que la Navidad sea completa, los valores de paz, solidaridad y amor, que asociamos a la Navidad, no deben circunscribirse únicamente a estas fechas. Estos valores deben ser referentes en el día a día de cada uno. La Navidad debe durar todo el año, toda una vida. El mundo vive actualmente una situación de crisis, no solo económica, sino también de valores. Pensemos que existen millones de personas en el umbral de la pobreza, que carecen del mínimo necesario para llevar una vida digna, y nosotros debemos intentar aliviar ese sufrimiento ejerciendo la solidaridad. No podemos ni debemos desentendernos del sufrimiento de los seres humanos más desfavorecidos. La Familia debe meditar en común sobre como actuar y que hacer para dar respuesta a esas situaciones de sufrimiento. En estos días estamos celebrando el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por Naciones Unidas, en la que se promulgan derechos fundamentales, como son, por citar algunos, el derecho a la vida, a la libertad, a la educación o a la salud. Este es un buen momento para reflexionar juntos y reivindicar su cumplimiento desde nuestro entorno más cercano. La familia es el núcleo fundamental de la Sociedad, y sobre ella debemos construir, mediante la educación, el futuro de nuestros hijos, que será además, el bien más preciado que podemos transmitirles, si lo hacemos con amor; pues como dijo Eleanor Roosevelt “Dar amor constituye, en si, dar educación”. La Navidad, representa la Paz y eso es precisamente lo que deseamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, pero la paz no solamente hay que desearla, es necesario que todos nos impliquemos en su construcción. Para terminar les diría que es necesario reflexionar sobre lo que para cada uno de nosotros significa la Navidad. El gasto excesivo y el derroche, la falta de compromiso y de solidaridad, son situaciones que debemos controlar para hacer más fuertes nuestros corazones, y vivir siempre la Navidad. Tagore, dijo que Las palabras van al corazón cuando han salido del corazón; y para que nuestra Navidad sea sincera y sea coherente con las enseñanzas de Jesús, debemos hablar con el corazón, sentir con el corazón y amar con el corazón, así, construiremos la Paz. La Navidad consiste en hacer felices a los que nos rodean, perdonar y olvidar las ofensas que nos hicieron, descubrir todo lo positivo de la vida y de las personas, extraer el bien de todas las situaciones del mal, comprometer nuestra vida con un mundo más justo y solidario y estar en paz con Dios, con los hombres y uno mismo para poder construir la paz a nuestro alrededor. Durante estos días les sugiero que mediten sobre la Navidad que viven o van a vivir, los 854 millones de personas que pasan hambre, los 11 millones de menores que perderán la vida por causa de alguna enfermedad tratable, los tres millones de personas que mueren por causa del SIDA, los 2.400 millones que no tienen acceso al agua potable, los 27 millones de personas que viven en situación de esclavitud, los 200 millones de personas que viven en situación de servidumbre forzada y otros muchos millones de personas que viven episodios dramáticos. Pido, que Nuestra Señora la Virgen de los Ángeles nos ayude a tender la mano y abrir nuestro corazón a esas personas, para que puedan encontrar la paz y la dignidad que como seres humanos merecen. Feliz Navidad a Todos
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